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La salud universal a 40 años de Alma Ata

El lema “Salud universal: para tod@s, en todas partes” busca concientizar sobre la importancia de la cobertura de salud, pero también apunta a que los servicios sean coherentes con el contexto y las necesidades particulares de cada comunidad.

El acceso universal a servicios integrales de salud es uno de los estandartes que se viene sosteniendo desde aquel día --hace ya 40 años-- en que vio la luz la Declaración de Alma Ata. En ese momento, 134 países avanzaron hacia el reconocimiento de la salud como un derecho y de la Atención Primaria de la Salud como una de las estrategias más importantes para su consecución.

Este Día Mundial de la Salud está dedicado a concientizar sobre la importancia de la “salud universal”. Esto es, que todas las personas tengan acceso a los servicios de salud sin ningún tipo de discriminación.  Pensar en la salud universal de las poblaciones implica abordar tanto los servicios de salud como  la promoción de la salud, la prevención de enfermedades, el tratamiento, la rehabilitación y los cuidados al final de la vida.  Y eso no es todo.  La salud debe ser de calidad, integral, segura, eficaz y accesible para todas las personas. La Prof. Yelena Kuttel, docente de Salud Püblica en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional del Litoral, apunta al respecto que "pensar en la accesibilidad es también pensa en la dimensión simbólica y cultural. En este sentido son claves los equipos de salud y su formación".

No es menor el reto. Para la Organización Mundial de la Salud, la mitad de la población del mundo no tiene acceso a los servicios de salud que necesita. Según la Organización Panamericana de la Salud, las barreras en la atención de salud en Latinoamérica son económicas para el 30% de las personas y geográficas para el 20%.  Pero el lema “Salud universal: para tod@s, en todas partes”  no busca hacer énfasis solamente en la cobertura de salud sino también en que los servicios sean coherentes con el contexto y las necesidades particulares de cada comunidad. Hace referencia a que la atención sea oportuna y que llegue al lugar donde dichas personas se encuentren. Este abordaje no puede dejar de lado entonces a los determinantes sociales de la salud: la economía, la cultura, el tipo de trabajo que las personas desarrollan, la educación. "En pos de brindar una atención oportuna y de calidad es que las universidades juegan un rol importante, sobre todo en tanto aporten e incluyan experiencias de educación interprofesional", apunta Kuttel.

A nivel regional, muchos interrogantes quedan abiertos a la hora de llevar a la práctica la salud universal, a la hora de pensar en acortar la brecha entre nuestras realidades y este ideal ¿Cómo mejorar el funcionamiento de nuestros sistemas de salud, aún fragmentarios? ¿Cómo lograr una coordinación, diálogo y consenso entre los distintos actores de poder con intereses creados en el campo de la salud? ¿Qué estrategias darse para empoderar a las comunidades y que estas tomen decisiones para mejorar o mantener su salud? ¿Cómo hacer de la salud integral un proceso participativo y que sea socialmente movilizador? ¿De qué forma podría la salud universal ser sostenible? En la determinación política y en planificación estratégica tal vez encontremos un camino hacia la equidad y la inclusión si consideramos a  la salud como un problema social.